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La Pensión de las Pulgas: Añicos

Sara Chinarro García

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Ir a La Pensión de las Pulgas es siempre motivo de alegría y alboroto. Todos aquellos amantes del teatro puro y de las emociones fuertes deberíais pasaros por la calle Huertas 48 y vivir esta experiencia. Porque lo es. Una abrumadora, realista, emocionante y en ocasiones turbadora experiencia. Yo me declaro adicta. Jose Martret y Alberto Puraenvidia (los creadores de este espacio y de La Casa de la Portera) han conseguido trasladar las tablas de un teatro a un piso en pleno barrio de las letras madrileño y provocar que nadie quiera salir de sus cuatro paredes. Ayer volví a sumergirme en sus historias. Y de qué manera. “Añicos”, texto de Carlos BE, basado en los terribles casos de pederastia el año pasado en Ciudad Lineal, hizo que los allí presentes abandonáramos la pensión con el corazón en un puño. No exagero.

Por si no habéis visitado nunca La Pensión de las Pulgas, os contaré que la distancia entre el espectador y el actor apenas existe. Estás junto a ellos en una habitación de no más de veinte metros cuadrados. El realismo de cada acto se multiplica por mil y sus historias se convierten en tus historias. Vives, sientes, sufres, ríes y te emocionas con ellos. Es imposible no contener el aliento o no apartarte por miedo a que se choquen con tus piernas. Anoche me volvió a pasar. Raquel Pérez, David González, Sara Moraleda y Carlos López (dirigidos por Pablo Martínez Bravo) me dejaron una vez más sin aliento. Una familia rota de principio a fin. El odio motivado por la mezquindad y la injusticia de una violación a una niña de nueve años. Dolor incesante en ojo ajeno que te apuñala en menos de noventa minutos. Puro testimonio del que no sale en las noticias.

Una familia que se viene abajo. Una violación. Una madre (Raquel Pérez), un padre (David González) y un hijo (Carlos López) a los que esta nueva situación les viene grande. A ellos y a cualquiera les vendría grande. Julieta (Sara Moraleda), hija del pederasta, les sacará de ese infierno para que visualicemos otra óptica e incluso para visualizarse desde su propio prisma. Es tal la tensión dramática que alcanzan estos cuatro personajes, que hasta puede asustar a cualquiera. Como si se tratara de una película de terror. Pero desde un plano de dolor, de impotencia y de desesperación. Esa desesperación del que sufre con el dolor del ser amado.

No voy a detenerme demasiado con las interpretaciones de los cuatro actores porque soy incapaz de expresarlo con palabras en este momento. Están soberbios los cuatro. Reales, impecables, devastadores, maravillosos. Sólo os animo a que visitéis La Pensión de las Pulgas, comprobéis lo que os cuento y me deis la razón. O no…

 

Sara Chinarro García

Sara Chinarro es periodista y experta en comunicación. Ha dedicado su trayectoria a la comunicación en el sector tecnológico y a la colaboración con medios digitales en el ámbito cultural. Es autora de "El Blog de Sara Chinarro" y del podcast "El Séptimo Sentido".

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