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Impresionismo en América, Round II

Cristina Herreros

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"El Quimono" de William Merritt Chase, pieza fundamental de la exposición de Impresionismo Americano

“El Quimono” de William Merritt Chase, pieza fundamental de la exposición

La segunda vuelta del movimiento impresionista, no por ello menos trepidante, tiene lugar en los escenarios metropolitanos de los Estados Unidos de finales del s. XIX: el Impresionismo Americano que, hasta el 1 de febrero, se exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza. Continúan siendo instantáneas pictóricas, pero esta vez las protagonizan mansos parques públicos y jardines domésticos, paseantes urbanitas vestidos con levita, salones burgueses con olor a galleta de jengibre. Un chispeante y atractivísimo más de lo mismo.

En el nuevo panorama se intuye el regusto de eternas inquietudes adolescentes, de una productiva mitomanía movida por la querencia de lo europeo. Los pintores más jóvenes viajan a París para empaparse del ambiente creativo de la bohème –léase Mary Cassat, la primigenia antorcha del grupo- ; los fans comienzan el peregrinaje a sacros enclaves, –léase Child Hassam junto a sus colegas en el Giverny del maestro Monet-; los empresarios ofrecen a los más jóvenes aire fresco para calmar sus ansias de novedad –léase Durand Ruel, promotor de la primera exposición de Impresionismo francés en el nuevo mundo-. “En verdad que antes iría a Europa que al cielo”, son palabras de Merrit Chase.

En este momento, mientras Europa arrastra las consecuencias de la revolución industrial hasta que estallen en guerra, Estados Unidos ha implementado la nueva coyuntura económica sin demasiados baches y forja con éxito la leyenda del self-made man, revistiéndose de su estatus de tierra de oportunidades. La fertilidad de este panorama da lugar a un desdoblamiento del foco artístico, que alumbra por primera vez y ya por siempre, dos escenarios con el mismo peso creativo, bien distintos y eternamente dependientes.

Robert Henry y Merrit Chase son quizás los artistas que mejor plasman la idea del nuevo academicismo americano. Ambos dedicaron grandes esfuerzos a la docencia, dando lugar a auténticas cunas de pintores como la New York School of Art. Las tripas, la identidad más pura de la nueva postura oficial del arte americano, están también muy presentes en esta muestra producida por la Terra Foundation for the American Art, en obras como “El quimono” de Merrit Chase, impreganada de un japonismo ‘fin de siecle’ hipnótico para el espectador; “En el parque”, del mismo autor, protagonizada por una figura infantil que bajo la pincelada impresionista se torna reluciente y marchita ; o “Nocturno ” de Whistler, suerte de paraje simbolista que sirvió de referencia para la nueva generación de “impresionistas whistlerianos”, de los que también podemos disfrutar en las siguientes salas.

Si bien esta es la primera exposición que se dedica exprésamente al fenómeno del Impresionismo Americano en nuestro país, buena parte de las obras nos serán familiares, dado su paso previo por el Museo Thyssen, institución que como sabemos gusta de celebrar cíclicamente alguna retrospectiva sobre el célebre movimiento pictórico.

El enfoque en esta ocasión es sencillo y sincero, un montaje con escasa carga interpretativa y prácticamente ninguna pieza de relleno, digno de ser paseado como lo hacen los personajes de los parques y avenidas de la Norteamérica de 1900, con ociosa curiosidad y “savoir faire”.

Cristina Herreros

Licenciada en Hª del Arte, especialista en gestión del patrimonio cultural. Entusiasta de las artes plásticas y escénicas, en búsqueda constante de propuestas que disfrutar.

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