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El alma de Alma-Tadema se aloja en el Museo Thyssen

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Hay exposiciones y hay EXPOSICIONES. La del Thyssen-Bornemisza sobre el “Movimiento Estético”, o lo que es lo mismo, “Alma-Tadema y la pintura victoriana del siglo XIX en la colección Pérez Simón”, es una EXPOSICIÓN; así, con mayúsculas.

Esteticismo, Prerrafaelismo y una perseverante búsqueda de la belleza formal a través de la feminidad, son las claves de la esencial muestra que, hasta mediados de octubre, se exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Un cuidado y completo catálogo formado por 50 obras clave del llamado “Aesthetic Movement” que sorprende y deja satisfecho a cualquier entendido en arte, más allá de las apuestas que rozan el esperpento de la artificiosa maquinaria de la mercadotecnia y que, en sustrato, son básicamente eso: recetas precocinadas.

Muy al contrario, la exposición “Alma-Tadema y la pintura victoriana en la colección Pérez Simón” refleja con una fidelidad elogiable, las claves de este género, genuinamente británico, que supuso la consolidación de las reglas formales del Prerrafaelismo a través de la cultura greco-latina, y que se aisló, al mismo tiempo, de los nuevos mensajes formales del continente europeo que, a lo largo del siglo XIX, avanzaba inexorablemente hacia la abstracción.

El género queda perfectamente retratado en todos sus pasos, incluyendo verdaderas joyas de los fundadores de la llamada “Hermandad Prerrafaelita” como “La Venus Verticordia” (1867) de Dante Gabriel Rossetti  -pura sensualidad sublimada -, John Everett Millais, William Holman Hunt o el dibujo -verdadera exquisitez- “Hypnos, el dios del sueño” (1892) del entonces polémico (por su homosexualidad), Simeón Solomon.

Pero, sin duda, el centro mismo de la muestra son las trece obras del divergente y proscrito Lawrence Alma-Tadema -entre las que destaca la voluptuosa “Las rosas de Heliogábalo” (1888)- y las piezas de los “cabezas de cartel” del “Movimiento Estético” que en ella tienen cabida, caso de Edward Coley, Burne-Jones, John William Waterhouse y su pseudo-mística “La bola de cristal” (1902), Frederic Leighton y “Muchachas griegas recogiendo guijarros a la orilla del mar” (1871), “Andrómeda” de Edward John Poynter o Albert Joseph Moore y “El cuarteto. Tributo del pintor al arte de la música” (1868).

Todas ellas, obras canon del incomprendido “Aesthetic Movement” sobre el que, con mayor o menor vehemencia, se lanzaron sus coetáneos continentales y que ahora se exhiben con la misma elegancia y sensualidad que preconizaron en el Thyssen, gracias a los fondos de la colección de Juan Antonio Pérez-Simón, un empresario y coleccionista de nacionalidad mexicana -pero nacido en Asturias- que cuenta en su haber con más de 3.000 obras de arte que van desde el Medievo hasta nuestros días.

En definitiva, una brillante apuesta del Museo Thyssen-Bornemisza: rotunda, bella, imprescindible, completa. Puro canon.

 

Miguel Ángel Moreno Belizón

Licenciado en Periodismo, máster en Comunicación Empresarial e Institucional y máster en Community Manager, ha trabajado en la promoción y difusión de obras de teatro por toda España con varias compañías. Experto en artes plásticas y escénicas, cuenta con titulación como docente en Historia del Arte, aunque ha desarrollado su labor profesional principalmente en medios de comunicación y diversos gabinetes de comunicación de instituciones públicas y privadas.

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